Lunes 25 , Septiembre de 2017

Uno que sabe analiza el acuerdo con China (oportunidades y amenazas, según Magariños)

El exsecretario de Industria Carlos Magariños conoce de cerca cómo se mueve el gigante asiático en el comercio mundial. Su experiencia en el tema le valió ser hoy Senior Fellow en la Universidad China de Renmin. En qué contexto Cristina Kirchner firmó el convenio con su par chino Xi Jinping, cuáles son los riesgos y las oportunidades para las empresas argentinas y por qué asegura que la estrategia argentina parece guiada por la necesidad más que por la búsqueda de un objetivo concreto, en nota completa.

¿Cuáles son las ventajas y los riesgos para la economía argentina y sus empresas del acuerdo?
Desde el lado argentino, los acuerdos han representado una vía de escape al fuerte, y voluntario, aislamiento financiero de nuestro país, tanto por el uso que se le ha dado a los swaps de monedas para fortalecer las reservas del BCRA cuanto por el financiamiento de obras de infraestructura al que podría accederse.

Por supuesto, los créditos chinos tienen una serie de condicionalidades, en particular, referidas a la provisión de equipamiento para las obras de infraestructura. China financia obras que utilicen equipamiento chino. Se trata de una exigencia habitual en este tipo de préstamos. La novedad en todo caso se refiere a su aplicación a las obras públicas (en los años 80 y 90 Italia y España ofrecían créditos similares para la venta de Bienes de Capital y Equipos. En aquellos casos los préstamos se otorgaban a compradores del sector privado. China ofrece este tipo de préstamos a empresas privadas que adquieran equipos de ese origen).

En la medida en que nuestro país no tiene acceso a los mercados financieros internacionales y nuestras empresas encuentran su eventual participación limitada por las altas tasas que deberían pagarse, la oferta de crédito de china representa una oportunidad de financiamiento atractiva.

No obstante, en ese contexto muchas empresas argentinas podrían perder oportunidades de participar en obras de infraestructura o perder negocios a manos de las empresas financiadas.

La iniciativa del “Cinturón Económico de la Ruta de la Seda” y de la “Ruta de la Seda Marítima del Siglo XXI” ha encontrado oposición en muchos países. México canceló en noviembre pasado un contrato para un tren de alta velocidad que había sido otorgado a empresas Chinas, el nuevo Gobierno griego suspendió la venta del puerto de Pireo y el nuevo Gobierno de Sri Lanka está revisando varios proyectos, incluida la construcción del nuevo puerto de su capital, Colombo.

Por su experiencia, ¿la estrategia en materia de política comercial ha sido la adecuada?
La estrategia argentina aparece guiada por la necesidad más que por la búsqueda de un objetivo concreto.

Parece necesario mirar más allá de las necesidades del sector público y del gobierno para concentrarse en las necesidades de los individuos y de las empresas para facilitar la incorporación de tecnología y desarrollar empleo sostenible en el largo plazo.

Las grandes obras de infraestructura generan empleo, por supuesto, pero lo hacen de manera localizada y solo durante el tiempo necesario para la construcción.

Cuando esta termina (como hemos visto en reiteradas ocasiones) es muy difícil mantener la población que ha migrado y emplearla en ocupaciones permanentes. Solo una fracción de esa gente puede mantenerse activa en el lugar de la obra.

Mi recomendación sería mirar el ejemplo de México. El presidente Peña Nieto firmó con China el primer Fondo de Inversión Soberano Binacional del mundo. El mismo cuenta con U$D 2,4 billones de dólares para financiar inversiones en infraestructura, minería y energía. De acuerdo con datos oficiales mexicanos las empresas de ambos países podrían aplicar para obtener financiamiento del mismo.

El contexto en que se firmó el acuerdo
China ha llegado a la vanguardia de la economía internacional en condiciones muy singulares.

En primer lugar, China es todavía una nación en desarrollo que necesita resolver una serie de desafíos en el campo económico y social para asegurar el progreso y la satisfacción de las necesidades de una porción no menor de su población.

En segundo lugar, después de tres décadas de alto crecimiento basado en las exportaciones, la economía China ha encarado un proceso de “rebalanceo”, con el fin de multiplicar sus motores de crecimiento, incluyendo el consumo doméstico en un lugar importante. En ese contexto la tasa de crecimiento de la economía China se ha moderado hasta alcanzar niveles en el rango del 7% y es posible que sea todavía menor en el futuro próximo.

En tercer lugar, China ha decidido asumir el rol del ciudadano global responsable y fortalecer su presencia internacional generando situaciones de ganancias recíprocas (win-win) para sus socios comerciales. Para ello debe balancear el balance comercial elevando los flujos de inversión, tal como ocurrió en anteriores fases de integración asiática en la economía internacional (Japón en los 80, los primeros tigres – tales como Taiwan y Hong Kong, provincias de China, Singapur o Corea del Sur – en los 90) y en particular con la región latinoamericana.

En ese contexto, en 2013, el presidente Xi Jinping anunció su iniciativa del “Cinturón Económico de la Ruta de la Seda” (Silk Road Economic Belt) y de la “Ruta de la Seda Marítima del Siglo XXI” (21st Century Maritime Silk Road) que consisten en grandes planes de desarrollo de infraestructura en Asia y más allá de Asia (por ejemplo en nuestra región).

Los acuerdos firmados con Argentina son similares a los que China ha rubricado con muchos otros países, incluyen un gran número de sectores y se enmarcan en esta estrategia, que tiene por finalidad consolidar la pacífica emergencia de China como líder global (incluyendo el largo camino de elevar la calidad de su moneda al nivel de valor global de intercambio, como en su momento lo fueron las monedas de otras potencias económicas globales)

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